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Un joven triste

1977... En Cambodia los Khmer Rojo, una facción política que aplica el más inhumano experimento de ingeniería social bajo las premisas del marxismo, ha forzado a millones de habitantes a abandonar las ciudades e integrarse a la colectivización forzada de la agricultura. La familia, como residuo arcaico del sistema burgués, ha sido aniquilada, los matrimonios separados, los hijos enviados a un punto cardinal y los padres a otro, el dinero abolido, los estudios prohibidos y los libros quemados como en las premonitorias páginas de Bradbury. El 1984 de Orwell en versión mucho más primitiva, sangrienta y 7 años antes. La denominación oficial del Khmer era Partido Comunista de Kampuchea.

Lanchas patrulleras de Pol Pot capturan cerca de la costa una embarcación con extranjeros. Los hay de varias nacionalidades: un suizo, un neozelandés, un tailandés y un cubano. Llevan un mapa. El cubano es un joven con barba y porta una cámara fotográfica. No hay más precisiones, ni edad, ni profesión, ni nombre. Sólo un detalle llama la atención de sus captores: no grita como los demás, permanece callado; su rostro sólo refleja tristeza. "Recuerdo su cara porque parecía muy triste, pero no gritaba", dirá uno de los camboyanos.

El joven y sus compañeros son llevados a Toul Sleng o S-21, un centro de detención en Phnom Penh a donde eran conducidos los "agentes contrarrevolucionarios". Allí entraron en menos de cuatro años unas 20 mil personas que nunca salieron con vida. Hoy es el Museo del Genocidio. Los interrogadores le ofrecen tres opciones al joven triste: confesarse agente de la CIA, de la KGB o de los enemigos vietnamitas. Prefiere declararse agente de la CIA, quizás por una cuestión de cercanía física o emocional. Entonces lo ejecutan y queman su cadáver.

Treinta años después un hombre nombrado Nim Im o Nim Kimsreang dirá a los pocos que quieran saberlo que había un cubano entre los miles de muertos, entre los miles de fusilados por el Khmer Rojo. La noticia la ha divulgado la agencia EFE  hoy 11 de septiembre de 2007. Nim fue fotógrafo en el S-21. Tomó fotos de miles de detenidos en ese centro y hoy tiene 55 años. Otro colega, Nhem En, ha corroborado sus declaraciones.

Nadie sabe qué pasó con las fotos que tomó el joven mientras pudo. Sería inútil buscar sus cenizas entre los ladrillos sucios que vivieron tantos horrores. El Centro de Documentación de Camboya, que recopila pruebas de las atrocidades cometidas por el Khmer Rojo, tiene datos de 79 extranjeros que pasaron por Toul Sleng, pero no del cubano. No quedan restos de su cuerpo físico, sólo una imagen en el recuerdo de dos viejos funcionarios de los campos de exterminio de la Kampuchea Democrática: la de un joven nacido en una lejana islita que callaba con mucha tristeza.

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