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Arique,Revista de poesía
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Poesía cubana actual: mitos, viajes y emplazamientos medievales El viaje es una de las grandes ilusiones que casi nos convencen de que la libertad existe. Salir del vientre materno, del terruño, emprender algo, regresar un día al amparo sosegado de lo que amamos, nos convoca al empuje, la creatividad, el razonamiento profundo y filosófico, la poesía. Cuando viajamos sentimos que podemos, que somos capaces y nos realizamos nosotros mismos. (Respeto y lamentable paréntesis para aquellos confinados al círculo monótono y cotidiano de su imposibilidad. Como dijo cierto aspirante a poeta: Siempre el mismo sitio, el buey, la vida, la siembra, el impuesto al Rey. Y una vez al año, sólo una vez, la cosecha (...) Las naves entran y parten llevando otros aires y mercaderías ignotas de un nuevo mundo, pero nada se mueve: los nobles viajan y los otros miran boquiabiertos a los viajeros1.) Y hablando de poesía, es José Martí, el apóstol de la independencia cubana y de la libertad de América, el más importante de los dü majores de la poesía cubana. Arrancando con la publicación por primera vez en forma de libro –dieciocho años después de su muerte-, de los Versos libres en 1913, la importancia social de la poesía en Cuba alcanza cotas notables en las décadas de los años 30, 40 y 50 del siglo XX. La irrupción del grupo nucleado alrededor de José Lezama Lima y la revista Orígenes da inicio a una nueva etapa de la literatura cubana en la segunda mitad de ese siglo. Y un papel esencial en el auge, esplendor y muerte de ese grupo lo protagonizaron los poetas: el propio Lezama, Gastón Baquero, Eliseo Diego, Virgilio Piñera y otros. Reynaldo Arenas, uno de los más brillantes escritores y poetas cubanos –a la vez que uno de los menos conocidos por sus compatriotas-, sentenció hace tiempo en la Universidad de La Habana que nuestra América, como le llamara Martí, no es sólo un continente controversial ni un tercer mundo, sino un mundo distinto dominado por dos fuerzas: la magia y la persecución. Un mundo donde el tiempo y lo real están prefigurados por el mito y el ritmo, por la intuición y no la razón. Quizás un poco el mundo ahora llamado de lo real maravilloso, que arranca desde la poesía de los códices indígenas hasta el mestizaje modernista de Rubén Darío. Este distinto tiempo americano exige que el héroe sea el poeta que vive perseguido. Se convierte así la poesía en la más alta expresión de la libertad y adquiere coherencia el discurrir poético y político de Martí, artificiosamente fraccionado por los biógrafos (Lizaso, Mañach, Don Ezequiel) y los críticos literarios (Vitier, Manuel Pedro, Schulman) que nos proponen bien un héroe que sacrifica la poesía en aras de la política, bien una imagen poética del mundo en que se inscribe su acción pública. La lectura e interpretación de la poesía –y de la escritura en general- teniendo en cuenta su entorno ideológico, social y político, es un hábito enraizado en la cultura cubana. Este hecho, que tantas veces transcurre inadvertido para los extranjeros y que ha sido causante de tropiezos en los más nobles propósitos de estudio y divulgación de la poesía insular contemporánea, está corroborado por críticos y poetas actuales2 y fue casi brutalmente enunciado por un profundo conocedor de lo cubano hace más de medio siglo: Hacer cultura es entre nosotros, como siempre, un modo de hacer política; hacer política es también, hoy más que nunca, un modo de hacer cultura3. Ignorar ese frágil y a veces doloroso vínculo es imposible para quien pretenda realizar un análisis certero de la poesía cubana. Entiéndase entonces que partimos de un concepto social y político de la poesía, pero comprendida la política como un concepto general, no coyuntural, por cuanto somos poetas y no políticos de profesión. A partir del cambio político de 1959 se acentúa aún más la significación social de la poesía en Cuba. A ello contribuyó la eliminación del analfabetismo y las masivas tiradas de libros a bajos precios que fomentaron el hábito de la lectura en los años 60. Pero aún cuando en la segunda mitad del siglo pasado esa excepcional incidencia de la poesía se mantuvo, hoy ese papel ha sido relegado. ¿Qué encuentran los poetas cubanos de las últimas décadas del siglo XX? A juicio, que compartimos, de León de la Hoz: Hallan la presencia desoladora de la poesía conversacional conducida a la crisis por los poetas de los 70: un discurso dominante en total decadencia saturando los concursos, los medios de comunicación, las editoriales y las asociaciones de escritores, con el agravante de que este discurso era identificado como un discurso de política cultural4. Una ruptura más o menos profunda con el coloquialismo es apreciable únicamente a partir de los años 80, cuando ya en muchos países ha caído en desuso. Las razones de la tardía llegada de nuevas corrientes están dadas no sólo por la presión de la política cultural del Estado, sino también por la aceptación del coloquialismo como ideal estético por muchos creadores. El conversacionalismo cubano de los 60 (...) decayó cuando, como ocurre con toda poética, se prolongó más allá de su impulso y, después de haber dado todo lo que podía dar, se convirtió en una fórmula vacía, una retórica exhausta y, sobre todo, en un corset que impedía respirar. Pero a esto se agrega, empeorándolo todo, su burocratización, cuando se convirtió en poética oficial u oficiosa5. Así, de la poesía casi totalmente coloquialista de los años 60 y 70, poesía de exaltación y deslumbramiento6, que tenía como objetivo último reflejar el entorno social y contribuir a los presupuestos políticos-ideológicos del Estado, poética por ende de la vida y hombre comunes, refractaria por naturaleza a la retórica, al hermetismo, a la mística, etc., se pasa a un discurso nuevo en que la duda, la introspección y en general nuevas búsquedas, van marcando la impronta de otras generaciones. Una nueva hornada que cuestiona y/o reacomoda los maltrechos lazos del coloquialismo llega en la mano de jóvenes valores como Aramís Quintero, José Pérez Olivares, Soleida Ríos, Angel Escobar y Raúl Hernández Novás entre otros; estos dos últimos se suicidarían en la década del 90. Hernández Novás, aunque coetáneo de la generación de El Caimán, no comienza a publicar –muy poco- hasta después del famoso quinquenio gris7. Considerado por muchos el más destacado de los poetas cubanos después de 1959, es el más desgarrado, profundo y renovador entre ellos. Las vidas de Raúl Hernández Novás (1948-1993), Ángel Escobar (1957-1996) y Luis Marimón (1951-1995), tienen una similitud que va más allá de sus cronologías y se refleja en sus poéticas, en sus estrechas relaciones vida-escritura. Sucesos que, además, sancionan la tesis de mito y persecución enunciada por Arenas, cada uno perseguido por sus particulares espectros (sus propios mitos): Hernández Novás por su gris existencia y sus inclinaciones autodestructivas, Marimón por su alcoholismo y rechazo a las convenciones sociales, Escobar por su esquizofrenia. Los tres incomprendidos por sus contemporáneos, rechazados y hasta hoy poco reconocidos. Hasta intentaron el viaje como forma de evasión (Marimón) o de realización (Escobar), y terminaron en la autodestrucción, en el suicidio, cada uno por su propia vía: Novás en el disparo aliviador, Escobar en el salto al vacío, Marimón en el fondo mortal de una botella. Los poetas actuales se abocan a todos los caminos y se diseminan por una gama de variantes más amplia que la de sus predecesores. Hay varias características muy marcadas y destacables en la poesía cubana actual.Hasta los creadores que cultivaron el coloquialismo en las décadas pasadas, se adhieren a una de las dos tendencias prevalecientes, la renovación de las formas clásicas y la intensificación metafórica8. El regreso a los valores clásicos propicia el resurgimiento de la rima y hasta una cierta resurrección del hermetismo lezamiano, no obstante ser el culto a la imagen la tendencia dominante. Emblemáticas antologías marcan lo más destacado de la poesía cubana en los últimos años: con la antología Retrato de Grupo (1989)9 irrumpen en el panorama cultural los poetas del 90: Carlos A. Alfonso, Sigfredo Ariel, Víctor Fowler, Emilio García Montiel, Antonio José Ponte, Jorge Iglesias. Con la irrupción del Proyecto Diáspora(s) de escritura alternativa por primera vez un grupo de poetas busca un lenguaje diferente al establecido como modelo entre el agora y la ecclecsia, y logra trascender al plano nacional e incluso más allá de sus fronteras. El grupo compuesto entre otros, por Rolando Sánchez Mejía, Rogelio Sanders, Pedro Márquez de Armas, Ricardo Pérez y Carlos Alberto Aguilera, presenta credenciales con la antología Dossier. 26 nuevos poetas cubanos. Mapa imaginario10 Desde fuera de la isla (de nuevo el viaje, a veces sólo de ida) Poesía en época de derrumbes de Daniuska González, cubana en Venezuela y La Isla en su tinta (2000) del habanero Francisco Morán Lull, desde la Universidad de Georgetown, intentan y en gran medida logran romper la univocidad y estatiticidad del discurso poético predominante. La Isla..., por ejemplo, reúne autores de todas las épocas, de dentro y fuera de la isla, en cuatro secciones identificadas con el nombre de poemas esenciales: La más fermosa (I), Al partir (II), Tengo (III) y Palma negra (IV), en las que se agrupan textos que reflejan el paraíso insular, los sentimientos de lejanía, exilio, destierro, la poética revolucionaria iniciada en 1959, etc. Por el contrario de lo que podría esperarse, la eclosión originada por la obsolencia del coloquialismo y una mayor apertura a estéticas y temas antes prohibidos, no ha marcado una diferencia tan pronunciada como para hablar de verdaderas rupturas y/o renovaciones. A la distancia del tiempo las nuevas voces no han logrado tampoco erigirse en la continuidad de los grandes nombres de los años 30-50. La poesía cubana actual está más cerca, a pesar de las apariencias formales, de la poesía española contemporánea, que de la que se hace en el resto del mundo. Es tan diferente de la que se hace en el resto de los países latinoamericanos como lo fue siempre de la poesía de Evtushenko o Mayakovski. Mientras el crítico Alvaro Salvador advierte en la poesía hispanoamericana una marcada identificación entre el proceso de renovación –en muchos casos subversión- poética y la militancia y el activismo político11, por primera vez en los últimos tiempos es apreciable en Cuba una notable disminución del interés hacia los temas de contenido político, por el contrario de lo que sucede en muchos países latinoamericanos, donde la poesía social y fuertemente ideologizada de Benedetti, Gelman o Ernesto Cardenal tiene numerosos seguidores, tan recientes como, en el caso de Chile, Nicanor Parra, Oscar Hahn o Raúl Zurita. En esos mismos países –no así en España-, el regreso a las formas tradicionales de versificación, métrica, etc, es visto por poetas y críticos como una suerte de vertiente reaccionaria del arte poético. Para los nuevos escritores el compromiso político y social de la poética de los años 70 es algo ya devaluado, pasado de moda. La nueva poesía cubana ha renunciado a ser un instrumento de utilidad ideológica, lo que ha contribuido, junto a otros factores, a la progresiva pérdida de la significación social que antes tuviera. Aunque existen corrientes dispares en su seno, la narrativa ha ido mayoritariamente asumiendo un rol de alto contenido político y cuestionamiento social en tanto la poesía se ha replegado del espacio público a la intimidad y prefiere desentenderse de temas cuyo tratamiento constituyó toda una tradición durant6e diversas épocas. Un fenómeno nuevo, consecuencia directa de los desaciertos heredados por la poesía cubana actual, es la abundante referencia a la cultura clásica. Los exergos, la utilización de citas textules, referencias en el discurso, etc, de los valores culturales reconocidos parecen ser una cuestión vital. Este fenómeno, también experimentado en España cuando los novísimos apostaron por incorporar a la poesía lo que no se habían permitido antes –el conocido hiperculturalismo-, es ligado por algunos ensayistas, en el caso cubano, a la necesidad intrínseca de abrir ventanas al mundo, de recuperar su puesto en la cultura universal. Pero en parte de la poesía publicada en la isla en los últimos años no es más que un ornamento, una variante del arte por el arte. La poesía cubana ha perdido –desde hace tiempo, y aún no recupera- su relación con lo universal. Por presiones ajenas a la poesía que han gravitado excesivamente sobre aquella la poética se ha replegado sobre sí misma sin lograr la expresión propia y válida de los últimos dü majores: Lezama, la Loynaz, Eliseo Diego. Como en los años 20-30 presenta –perdido su brillo propio- una palpable influencia de los poetas españoles y norteamericanos. La huella de los clásicos se ha diluido, al igual que la del realismo socialista de los años 60-70. Algunos críticos ven la poesía nuestra actual paralizada en dos campos o tendencias (quizás fuera más acertado decir un amplio campo y una cierta tendencia): el corpus-Norma y el corpus-Desvío (W. Dorta). De cualquier manera la tendencia desviacionista, iconoclasta, de ruptura, es aún incipiente y dispersa, aislada en sus escasas cotas conquistadas. Algunos críticos hablan, incluso, de una ruptura radical (Víctor Fowler) que casi nadie aprecia. Unos hablan de post-novísimos y post-coloquialismo (Jorge Luis Arcos), otros de conversacionalismo esencial (Walfrido Dorta), otros de renacimiento épico (Fredo Arias) y hasta de autismo y poesía dispersa (Arturo Arango). Nadie entiende mucho, porque nosotros mismo nos conocemos poco. La particular situación económica y social vivida por la isla en 1990-95 marcó su huella en la poesía, cicatriz que aún perdura: Tengo mi psicatriz y recuerdo a Novás..., escribió Angel Escobar, otro de los blasfematorios poetas cubanos recientes en Cuando salí de La Habana (¡Otra vez el viaje!). La dificultad en la transportación –es decir, la imposibilidad del viaje más común-, los problemas en la comunicación y difusión cultural, convirtieron la isla en un archipiélago de emplazamientos medievales. La paralización primero, y la fragmentación después del proceso editorial, junto al alto precio de los libros y los reducidos tirajes, han traido como consecuencia el desconocimiento mutuo, la pérdida de visibilidad del conjunto. Poco se sabe en la capital de lo que se hace en provincias y poco llega a aquellas a través de las escasas publicaciones nacionales, controladas además por los ejecutores de la poética oficialmente reconocida. Señalan, discretamente, los estudiosos: Ya no fue posible para los discursos críticos la fundación de otro movimiento, dada entre otras cosas, la escasez de escrituras que accedieran a un estatuto diferencial12. ¿Podemos hablar entonces de la existencia de una nueva poesía cubana cuya presencia es aún inadvertida? ¿Qué habrá en ella, secreto y eterno, que yo no vea, no pueda ver ni hacer ver a los demás, y que la defina con precisión?13 El coloquialismo no ha muerto del todo. Aún, y es de esperar que por cierto tiempo todavía, los nuevos poetas no logren escapar de su lastre totalmente. En definitiva el coloquialismo ha sido y será la tendencia predominante en la poesía cubana de la segunda mitad de la psada centuria. La poesía nuestra está lastrada por infinidad de trampas mentales, desde la lamentable caída en el realismo socialista hasta los excesos intelectuales de una poesía por y para consagrados que se muerden las colas en un interminable círculo de decadente incoherencia. La nueva poesía cubana, al menos en lo que se publica en la isla, es decir, en la poética oficial, no se deja ver. Sólo existe una voz vieja que pretende ser nueva. Son textos bien resueltos, muy bien escritos pero desde una maquinalidad absoluta, expresión falta de espíritu, de vuelo, un parnasianismo demodé. Una maquinalidad absoluta –a decir de Rolando Sánchez Mejía- que transita desde las canciones de Silvio Rodríguez hasta la saturación de representaciones teorizantes. La poesía cubana actual está perseguida por sus propios mitos, sus aciertos y desaciertos, su pasado y el entorno socio-político que para ella resulta ineludible. Su ritmo está prefigurado por el amplio campo de los patrones estéticos impuestos por la política cultural, y la tendencia –inhata a la poesía misma- de subvertir dichos patrones. En su obra, que nunca quiso llamar antología, pero que lo es, La poesía cubana en 1936, Juan Ramón Jiménez escribió: Cuando el mar de una isla no es sólo mar para ir a otra parte, sino para que lo pasee y lo goce, mirando hacia adentro, el cargado de conciencia universal tanto como el satisfecho inconsciente, esa isla será alta y hondamente poética, no ya para los de fuera sino, sobre todo, para los de dentro. Hay que ir al centro siempre, no ponerse en la orilla a aullar a otra vida mejor o peor de nuestro mismo mundo, peoría o mejoría que puede ser la muerte.14 Este complejo panorama deberíamos apreciarlo quizás desde la perspectiva del viaje: viajar al centro de los emplazamientos medievales para intentar entrever lo oculto, lo disperso, lo aún en ciernes: viajar por el incierto terreno de las especulaciones, las opiniones encontradas, las profecías, casi de las premoniciones, a partir de textos aislados, de voces poco conocidas, de inadvertidas piedras que jalonan el trillado camino que recorremos a diario por inercia, por el que viajamos a veces sin ver, maquinalmente, unas veces mar afuera, otras hacia el centro de la poesía. Notas 1. Raúl Tápanes López, Del miedo y otras calamidades (poema inédito). 2. Nuestro modo de leer los textos enfrentándolos al universo supratextual donde actúan la política y la ideología no es sino una obligación ineludible cuando se estudian escrituras en el caso cubano. Víctor Fowler, La tarea del poeta y su lenguaje en la poesía cubana reciente, Casa de las Américas, No. 215, La Habana, abril-junio de 1999. 3. Jorge Mañach, discurso en la Universidad de La Habana, 25 de diciembre de 1940. 4. León de la Hoz, Prólogo a La poesía de las dos orillas. Cuba 1959-1993, Madrid, 1994. 5. Daniel Freidemberg, Apuntes sobre la nueva poesía cubana, en Diario de poesía, Buenos Aires, 1997. 6. Arturo Arango, Los ríos de la mañana. Poesía cubana de los 80, La Habana, 1995. 7. En 1971 se establecen determinados parámetros de conducta social y política que debían cumplir los escritores, artistas, pintores y otros creadores para acceder a las vías de difusión en manos del Estado. Eso determina un largo paréntesis de silencio editorial y creativo en poetas como Virgilio Piñera, Dulce María Loynaz, César López y Carilda Oliver Labra entre otros. Es el llamado quinquenio gris, aunque duró más de un lustro. No se comenzó a revertir hasta 1982 (Carilda Oliver Labra, por ejemplo, estuvo quince años sin que le fuera publicada obra alguna). 8. Antón Arrufat, Reaparición de Soleida, Unión, La Habana, 1996. 9. Una recurrente ideologización, entonces, atraviesa estos poemas (...) subrayando, como un tic de la escritura crítica, la pertenencia ideológica de las poéticas y autores: la comunión entre un ser (revolucionario) y un estar (en la Isla). Walfrido Dorta, Algunos estados, estaciones, documentos. Poesía cubana de los 80 y 90, La Gaceta de Cuba No. 6, La Habana, noviembre-diciembre de 2003. 10. Al definirse a sí mismos (se refiere al Grupo Diásporas) como un proyecto de escritura alternativa, eligen el margen como topología –dada la tupida red de determinaciones y el eficiente mecanismo controlador de los discursos y la porducción de saber que ha regido el campo cultural cubano. Walfrido Dorta, ob. cit. 11. Alvaro Salvador, Muestra de poesía hispanomaericana actual, Granada, España, 1998. 12. Walfrido Dorta, ob. cit. 13. Juan Ramón Jiménez, La poesía cubana en 1936, edición facsimilar corregida del Frente de Afirmación Hispanista, México, 2004. 14. Juan Ramón Jiménez, ob. cit. Características de la poesía cubana actual I- Renuncia a la utilidad ideológica ( D. Freidemberg), es decir, al compromiso político-social de la poesía de los años 70-80. II- Pérdida de la significación social, a lo que contribuye la característica anteriormente enunciada y las dificultades de edición y divulgación (emplazamientos medievales). III- Indiferencia ante los encasillamientos teóricos, entre ellos el coloquialismo, a pesar de esfuerzos aislados dirigidos a la ruptura de los patrones estéticos (como el Proyecto Diásporas de escritura alternativa). IV- Persistencia de muchas características del coloquialismo que lastran la búsqueda de nuevos horizontes poéticos. Algunos consideran esto un coloquialismo tradicional (A. Arango). V- Un hiperculturalismo al estilo de los novísimos españoles, pero motivado por una necesidad de recuperar la conexión con la cultura universal cercenada por la actitud defensiva de décadas anteriores. VI- Universalización de las temáticas poéticas que en aras de eliminar provincianismos retoma las mejores tradiciones de poetas como Lezama Lima o Jorge Luis Borges. VII- Regreso a la intimidad desde el espacio público en que desempeñara su protagonismo de décadas anteriores. Apertura a zonas poco exploradas como el marginalismo y la homosexualidad. VIII- Recuperación de las tradiciones poéticas (el verso rimado, la décima, el soneto) por parte de un sector minoritario pero importante de los creadores. IX- La poesía cubana, como ocurre recurrentemente en el escenario insular, se dirige ahora al otro extremo de la balanza: de la poesía de exaltación y deslumbramiento (A. Arango), ha pasado al conocimiento desesperanzado (E. Saínz). X- Una lectura correcta de la poesía actual debe tener en cuenta, además de los emplazamientos medievales, que las escrituras publicadas son seleccionadas de acuerdo a patrones estéticos impuestos por una política cultural que las lee desde su relación con el universo supratextual donde actúan la política y la ideología (V. Fowler). Antologías consultadas 1. La última poesía cubana / Orlando Rodríguez Sardiñas. Madrid, 1973 (Primer intento de unir en una antología poetas de dentro y fuera de la isla). 2. Cuba, en su lugar la poesía: Antología diferente / Víctor Rodríguez Núñez, Reina Ma. Rodríguez y Osmar Sánchez. México, 1982. UNAM 3. Usted es la culpable / Víctor Rodríguez Núñez. Editorial Abril, La Habana, 1985. 4. Retrato de grupo / Carlos Alfonso, Víctor Fowler, Emilio García Montiel y Antonio José Ponte. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1989 (26 autores, incluídos los antologadores, todos nacidos después de 1957. Pretende ser presentación de un grupo, no antología de una poética dada). 5. Un grupo avanza silencioso. Antología de poetas cubanos 1958-1972 / Gaspar Aguilera Díaz. UNAM, México, 1990 (40 autores nacidos después de 1958. Selección dispersa donde hay ausencias notables: Ismael González Castañer y Rolando Sánchez Mejías). 6. Jugando a juegos prohibidos / Agustín Labrada. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1992 (24 autores nacidos después de 1956, selección desigual). 7. La fiesta inolvidable / El Tucán de Virginia, México, 1992 (13 poetas cubanos nacidos antes de 1953, la mayoría exiliados). 8. Poesía cubana de los años 80 / Alicia Llarena y Osmar Sánchez. Ediciones La Palma, Madrid, 1993 (14 poetas nacidos a partir de 1957. Sigue la línea básica de Retrato de grupo. Recoge textos de una antología inédita: La isla imaginaria, de Armando Suárez Cobián y Omar Pérez. Bastante completa en lo que a poetas en la isla corresponde, no incluye poetas en el exterior). 9. Noche insular / Mihály Dés. Editorial Lumen, España, 1993. 10. La poesía de las dos orillas. Cuba (1959-1993) / León de la Hoz. Ediciones Libertarias / Prodhufi, Madrid, 1994 (Selección de poetas cubanos de dentro y fuera de la isla. Intenta abarcar todo el panorama de la poesía cubana a partir de 1959, la relaciona con las conmociones sociales y políticas. Ausencias notables: Reynaldo Arenas y Severo Sarduy). 11. Poesía, anuario 1994 / Ediciones Unión, La Habana, 1994 (214 autores residentes en la isla con textos publicados o escritos en 1990-93). 12. El pasado del cielo. La nueva y novísima poesía cubana / Víctor Rodríguez Núñez. Medellín, 1994. Alejandría Editores (28 autores nacidos a partir de 1948). 13. Los ríos de la mañana. Poesía cubana de los 80 / Norberto Codina. Ediciones Unión, La Habana, 1995 (38 poetas nacidos a partir de 1945. Intenta un deslinde entre la poesía de los 60-70 –exaltación y deslumbramiento- y los antologados). 14. Donde irrumpe la luz. 18 poetas cubanos / Jorge Yglesias. Universidad de Magdalena, Ediciones Diálogo, Santa Marta, 1995 (18 autores nacidos a partir de 1948. Pretende unir poetas nacidos antes y después de la revolución pero que no publicaron antes de 1980 por el dogmatismo ideológico y cultural entonces imperante, especialmente intransigente entre 1971-1976). 15. Poesía cubana: la isla entera / Felipe Lázaro y Bladimir Zamora. Editorial Betania, Madrid, 1995 (54 autores nacidos a partir de 1940. Incluye poetas del exterior, pero tiene ausencias notables como todo el Grupo Diásporas). 16. Dossier. 26 nuevos poetas cubanos. Mapa imaginario / Rolando Sánchez Mejías. Embajada de Francia en Cuba / Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1995 (26 poetas, casi todos –una sola excepción- nacidos a partir de 1956. Primer intento de antologar una escritura alternativa, de ruptura). 17. Cuba, maestros y novísimos de la poesía / Carlos Martí Brenes. Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos Aires, 1997 (Poetas nacidos hasta 1945 y después de 1970. Pretende mostrar una poética de ambos extremos del siglo. Excluye a todos los poetas fuera de la isla). 18. Antología cósmica de ocho poetas cubanas / Fredo Arias de la Canal. Frente de Afirmación Hispanista, México, 1998 (Selección de 8 poetas cubanas, algunas exiliadas como Juana Rosa Pita). 19. Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX / Jorge L. Arcos. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1999. 20. Cuerpo sobre cuerpo, sobre cuerpo, catálogo de nuevos poetas cubanos / Aymara Aymerich y Edel Morales. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2000 (29 autores que escasamente rebasan los 25 años). 21. La isla en su tinta. Antología de la poesía cubana / Francisco Morán. Editorial Verbum, Madrid, 2000 (Selección de poetas residentes y exiliados con una novedosa concepción de antologación). 22. Antología de la poesía cósmica cubana / Fredo Arias de la Canal. Frente de Afirmación Hispanista, México, 2000-2002 (Antología en tres tomos que recoge más de 700 poetas de todas las épocas a partir del criterio psicoanalítico de su autor). 23. Los parques. Jóvenes poetas cubanos. Antología / Noel Castillo y René Coyra. Mecenas / Reina del Mar Editores, Cienfuegos, 2001 (autores nacidos a partir de 1967, cuando termina Retrato de grupo. Pretende ser una continuidad). 24. La Habana, 10 / Adhara/Colección Alhucena, Granada, España, 2001. Evolución de la poética cubana -Años 40 -Años 50 -Revolución de 1959 -Años 60-70 -Quinquenio gris (1971-1986?) Ruptura de la continuidad poética. Parametrados, silencio obligado. -Años 80 -Caída del campo socialista. Período Especial (1990-1995). -Años 90 -Años 95-97 -Años 2000 |
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