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Diálogos intemporales, Fredo Arias de la Canal

Diálogos intemporales sobre el conocimiento humano

El Frente de Afirmación Hispanista, A.C., acaba de publicar "Diálogos intemporales", un conjunto de aproximaciones a la creatividad poética, la teoría literaria, la crítica... el universo, en fin, del protoidioma poético y los más antiguos vestigios del conocimiento humano. Sobre el autor, el humanista Fredo Arias de la Canal y sus estudios psicoanalíticos, ya hemos escrito en otras oportunidades por lo que pedimos a quienes no conozcan aún la vasta y compleja obra del mejicano vean, en especial "La poesía cósmica, como yo la veo", para que puedan seguir los temas aquí abordados.

El libro lo componen dieciocho diálogos con otras tantas personalidades que van desde San Agustín, Espinoza y Kant, hasta Northrop Frye y Amit Goswami, en un espectro temporal que abarca veinte siglos y la suma de la cultura occidental.

¿Por qué estos "diálogos intemporales"? La idea misma de un "tête á tête" con tan grandes figuras puede parecer arrogante para cualquier lector no avisado, pero hay razones últimas que la avalan y justifican. En el prólogo Arias -fiel a su estilo- cita a otros autores para darnos una pista de su propio razonamiento:

El razonamiento que Cervantes hizo a Apolo fue con ocasión de verse en el Parnaso siendo el único que no tenía asiento en él, aludiendo a la desestimación que se hacía de su ingenio, aviendo sido el que en su tiempo empezó a levantar la poesía. Como en este razonamiento dijo Cervantes de sí propio muchas cosas". (Gregorio Mayans en "Vida de Miguel de Cervantes Saavedra", 1737, subrayado de Fredo Arias).

En el diálogo con  Alfred North Whitehead la voz interior de Arias le advierte "te has embarcado en una aventura literaria sin precedentes..." Sus preocupaciones, sus interrogantes: "¿Hasta qué grado puede considerarse la actividad científica -en tanto que procede de la filosófica- como una dinámica poética?"

El diálogo con Schopenhauer ya nos trae sorprendentes confesiones: el sonambulismo de Arias -que descarta como coadyuvante a sus descubrimientos- y el ingente trabajo de observación y clasificación que los ha precedido.

Aunque durante mi vida he sufrido experiencias de sonambulismo, en las que he hablado y actuado durante mis sueños, creyendo que estos eran reales, no creo que esta anormalidad onírica me haya otorgado poderes de clarividencia para descubrir la tercera de las Leyes de la creatividad poética; más bien fue el estudio perseverante y el agrupamiento de las constantes poéticas lo que dio el resultado.

La parte más ardua del trabajo, confiesa Arias, fue precisamente la inicial, descifrar el significado simbólico de la escritura poética. Los arquetipos relacionados con los cuerpos celestes o cósmicos fueron los más difíciles de descifrar.

En el diálogo con el poeta T.S. Elliot responde al principal argumento que puede ser esgrimido en contra de las leyes por él descubiertas.

Cualquier teoría que relacione íntimamente la poesía a un esquema religioso o social, pretende, probablemente, explicar la poesía mediante el descubrimiento de sus leyes naturales, con el peligro de sujetar a la poesía a una legislación, leyes que la poesía no puede reconocer. Cuando el crítico, como en su caso, Arias, cae en este error ha actuado probablemente como lo hemos hecho todos cuando generalizamos acerca de la poesía. Como lo he dicho anteriormente, estamos generalizando acerca de la poesía que conocemos o gustamos mejor, pero no de toda la poesía y ni siquiera de la poesía que hemos leído. (Subrayado de Fredo Arias).

La respuesta es breve, pero contundente: le reprocha a Elliot -cuyos conceptos no son favorables a la existencia de las leyes de la creatividad poética-, que sin embargo ha reconocido la existencia de la compulsión poética y que ese fenómeno se debe a leyes naturales que se manifiestan a través del protoidioma, y le recuerda que sin esas "compulsiones caprichosas" no habría poesía.

En su último parlamento con Elliot desliza el mejicano una cita que, sin embargo, parece dar la razón, en parte, a los que temen por el efecto que el inevitable establecimiento de un sistema científico de análisis puede traer sobre la expresión poética. Y cita a uno de los propios autores utilizados por Elliot en su obra "The Use of Poetry and the Use of Criticism" (1961): "La más peligrosa de las ciencias apenas ahora ha comenzado a actuar. Estoy pensando menos en el psicoanálisis o en el conductismo que en todo el sujeto que los incluye."

Si para Bertrand Russell el intento freudiano de crear "la ciencia de los sueños" fue un error, el diálogo entre los dos humanistas es muy representativo del pensamiento del mejicano, de su proceso de análisis y creación. Arias considera a la poesía "la madre de todas las artes" y su principal postulado es considerar que las constantes arquetípicas son de origen oral-traumático. Para llegar a él ha realizado durante años innumerables estudios poéticos aplicando un método científico general: invención de una hipótesis que a partir de los datos obtenidos permita establecer inferencias que serán a su vez confirmadas por nuevas observaciones.

...A través del método científico de la observación de hechos constantes en la poesía, he descubierto las Leyes que rigen los valores de los poemas que se han escrito en el pasado y en menor grado los que se van a crear en el futuro debido a la divulgación de las mismas. Esto significa que los símbolos o arquetipos que conciben los poetas durante sus sueños o en sus estados de inspiración los he agrupado, seleccionado, analizado e interpretado para inferir que todos tienen un origen oral-traumático que está en el inconsciente colectivo de la humanidad; los efectos son los arquetipos en los poemas que representan una decena de traumas orales específicos...

Ya en el diálogo anterior (con Whitehead) Arias ha reconocido que el orden conceptual -subrayado de él mismo- el estudio de Bergler sobre la neurosis básica de la humanidad lo llevó al orden observacional, seleccionando los arquetipos poéticos oral-traumáticos que dieron origen a las primeras antologías por él publicadas. Y nos deja una sentencia de oro: "El primer idioma es el vernáculo, el segundo el poético".

Mijail Bajtin es uno de los teóricos literarios más citados -y quizás estudiado- en Cuba desde hace algunas décadas. Si buscamos arduamente no encontraremos, sin embargo, ninguna referencia a la simple posibilidad de un vínculo entre los estudios psicoanalíticos de Arias de la Canal y el intelectual ruso. El psicoanálisis literario, al igual que otras corrientes modernas de pensamiento, puede ser de conocimiento de los estudiosos cubanos -más a efectos pedagógicos que a cercanía o afinidad-, pero no es de los más estudiados. Tampoco el sostenido trabajo de Arias en pro de la cultura y la poesía cubanas ha alcanzado el reconocimiento -inmenso- que merece por una parte del estamento cultural. Se justifica entonces que las páginas del intemporal encuentro entre el mejicano y Bajtin sean las que más anotaciones tengan en su margen. De la lectura de la primera página salta a la vista -por ignorancia o porque lo esencial es invisible a los ojos- que las teorías de Bajtin constituyen una de las mayores apoyaturas que sostienen la primera ley de la creatividad poética. Arias la comienza -pregunta por medio- a toda marcha, relacionándolo con Heidegger y su filosofía del arte, con el inconsciente humano como origen de la palabra y del poeta como medium. Y de la coincidencia entre ambos -Heidegger y Bajtin- salta el mejicano al enunciado de la citada ley, y luego de la segunda.

El acendrado conocimiento de Arias pone de manifiesto ante el lector ciertas ocultas coincidencias entre Bajtin y Northrop Frye. Uno y otro llaman la atención sobre el estado incipiente de la crítica o la ciencia literaria, uno y otro coinciden en destacar su parálisis por la falta de un método, de un concepto único. Pero Arias-Bajtin (recordemos a Cervantes diciendo "de sí propio muchas cosas"), aunque considera al psicoanálisis como una ciencia en sí, y a las leyes de la creatividad como el concepto esencial y único,  habla de lo imprescindible de los diferentes enfoques, de las distintas escuelas como fuentes nutricias. Como señala Arias, el ruso buscó desesperadamente una estructura superior de la lengua más allá de la sintaxis, y terminó considerando que la infinitud de los sentidos simbólicos hacía imposible la consideración de la metalingüística como una ciencia exacta. Por eso en un pasaje del diálogo ha escrito el mejicano: "La riqueza literaria se reconoce hoy en relación a la riqueza arquetípica y no tanto a la metafórica como señaló Aristóteles".

El diálogo con Edmund Bergler es, aunque sustancioso, de los menos "novedosos". Aunque su presencia en la compilación está plenamente justificada por ser Bergler uno de los cimientos fundacionales del universo de Fredo Arias, no hay en él nada que no haya tocado antes el mejicano, pero es esencial para quien quiera adentrarse en la comprensión cabal de su obra. Sólo destacaría yo parte de la frase que cierra el diálogo: "Creo que la fase final de la ciencia psicoanalítica, ocurrirá cuando demostremos que las manifestaciones cósmicas surgidas del paleocortex pertenecen a una herencia de la memoria estelar de algún remoto antepasado..."

En el diálogo con Karl Raimund Popper salen a relucir los precedentes de la primera ley de la creatividad poética ("Los arquetipos que concibe el poeta durante sus sueños o estados de posesión provienen de su propio inconsciente o paleocortex cerebral y se hacen conscientes al percibir, escribir o recordarlos"). Esos precedentes están en "El método científico" (1934), una de las obras cumbres del filósofo, donde considera que los procesos que nos advierten de los estímulos y de la inspiración no pueden ser reconstruidos con la lógica del conocimiento, por pertenecer al campo de la psicología empírica. Para Arias, a través de Popper, las pruebas subsecuentes sí pueden, empero, demostrar que la inspiración es un descubrimiento. Infiere entonces la coincidencia entre Popper y Einstein: "sin inspiración poética no hay hipótesis que comprobar". Queda claro entonces que a la luz de Popper -aún cuando no lo define con precisión- los estudios psicoanalíticos son esenciales para la actividad científica, son ciencia.

¿Por qué tendría que ser así? ¿Qué relación -justificación de este diálogo intemporal- une a Popper con las leyes mismas? El concepto de las estructuras inconscientes o heredadas, expuesto por Popper en 1973, y las instrucciones -provenientes de su interior- que hacen funcionar dichas estructuras, le permiten inferir a Arias que los arquetipos del protoidioma son instrucciones que se originan internamente, en el inconsciente colectivo.

Algunos párrafos más adelante encontramos una más de las finas joyas que engarzan la obra. El autor de los "diálogos" confiesa que no ha "dudado lo suficiente" sobre la veracidad de las leyes por él descubiertas. Como justificación a lo que considera una falta, cita el "cúmulo de ejemplos que las confirman" y hace una aseveración sorprendente: sólo dudaría de dichas leyes si pudiera demostrarse la existencia del alma, suceso que no parece excluir de las probabilidades. Pero de algo más está convencido el mejicano y es de que las leyes no son perfectas, que en el futuro se irán "afinando o bien sustituyendo, si se demuestra la existencia anímica" (sic).

En su diálogo con Nietzsche ha dejado establecida su discrepancia con la afirmación del filósofo de que la existencia del mundo metafísico -aunque jamás pudiera ser demostrada- sería inútil al conocimiento humano.

En una parte del diálogo Arias utiliza el principio de correspondencia de Bohr para, tomando como ejemplos las teorías de Galileo y Kepler unificadas por Newton, responderse a sí mismo, a través de su interlocutor, que las leyes de la creatividad constituyen "algo nuevo y diferente" a pesar de su asentamiento en las ideas de predecesores ilustres como Platón y Jung. Algo cuya demostración consideramos innecesaria, excepto que quiera resaltarse el vínculo como señal de validez. Quizás uno de los defectos -que los hay en toda obra humana- de estos diálogos intemporales sea la repetición de algunos tópicos ya ampliamente conocidos y asentados, cierta redundancia cíclica ocasionada por la dispersión de una obra gigantesca que el humanista mejicano ha ido cultivando durante décadas. "Con el tiempo otro vendrá a perfeccionar o aumentar las Leyes poéticas", dice esta vez Popper. Y aún después: toda representación es una aproximación a lo que suponemos la verdad, pero no son la verdad misma.

Pero hay diferencias insalvables entre los que dialogan que Arias no puede soslayar. Asumiendo un enfoque más contemporáneo discrepa de Hume y de Popper ratificando la existencia de las leyes universales más allá de su descubrimiento y percepción. De la misma forma que enfrentará más adelante -en la intemporalidad de la conversación- las viejas y manidas concepciones de que el psicoanálisis literario no es una ciencia, Arias rechaza ciertos conceptos de Popper y sostiene que no debe -Popper, nadie- dejarse impresionar por la apariencia metafísica "de lo que ha sido una verdadera investigación científica" que culmina en la unificación de las teorías de Freud y Jung en un solo cuerpo doctrinario, en el descubrimiento de las leyes de la creatividad. (Lo que no es óbice para que de alguna manera demuestre también la cercanía entre su obra y la de Amit Goswami; la clave podría estar en que Arias se preocupa de que sus estudios no excluyan "ninguna conducta humana físicamente posible", reproche que le hace a Popper).

En el diálogo con Jean Paul Sartre, luego de "dejar" extenderse en el uso de la palabra al francés, Arias le reconviene que los cambios en "la economía interna de la palabra de que me habla Ud., más bien pertenecen a la cultura y estilo del poeta y no a las palabras arquetípicas que concibe". En algún momento cita las ideas expuestas por Sartre para ratificar lo que ya conocemos de sus hondas convicciones, aquellas que ha bebido de las fuentes clásicas, de los grandes pensadores griegos y occidentales, respecto de la incapacidad del poeta para triunfar en los terrenos comunes y prosaicos de la vida ordinaria, porque bien sabe que el poeta goza en provocar su propia ruina. Quizás sea este diálogo uno de los más "calmados" a pesar de la disparidad de conceptos, tal vez porque Arias insiste en lo más conocido de sus estudios o porque el francés no está a la altura de su oponente en ese terreno. Lo más interesante entonces es alguna que otra ampliación de los enunciados básicos de las leyes de la creatividad poética.

El temor de ser rechazado por su madre, mediante la ley de la adaptación, lo convierte el poeta en un placer de ser rechazado por su imago-matris. Su conducta compulsiva será de ahí en adelante, darse leche y amor a través de sus versos, donde surgirán los arquetipos del protoidioma del inconsciente colectivo. esa será su victoria. En lo personal siempre provocará situaciones para quedar en la mayor miseria, pues siempre repudiará a toda autoridad mediante la adulación hipócrita o la hostilidad manifiesta con lo cual gozará inconscientemente: esa es la derrota de que nos habla Ud. Jean Paul, a la cual añadiría yo, derrota gozosa.

¿Por qué la profunda dedicación de Fredo Arias a esta ingrata tarea durante años? Para él, el estudio de los arquetipos oral-traumáticos del protoidioma nos conduce a un superior estadío cultural y además, el conocimiento de las conductas compulsivas no puede obrar nunca en detrimento de la vida, por el contrario, explica y ayuda a la comprensión y tratamiento de las tendencias de ciertos grupos o individuos. En un correo que me envió con motivo del número de la revista "Arique" dedicado a los poetas suicidas Arias me señaló:

Ya sabemos que el verdadero poeta está cerca del hambre, el abandono y la muerte, a la que tiene un cierto cariño, como lo confesó el mejicano Flores. (...) Creo importante que los poetas lleguen a conocer su personalidad metafísica, para evitar que esta los destruya.

Detengámonos un poco en las dos últimas entrevistas intemporales, una de ellas la que sostiene con Amit Goswami, científico y profesor en el área de la ciencia teórica, específicamente de física cuántica, autor de libros como "El universo conciente: Como la conciencia crea el mundo material" y uno de los principales ponentes del film "¿¡Y tú qué sabes!?" ("What the Bleep Do We Know!?" en inglés), que creara un extenso debate luego de su estreno en 2004.

La mecánica cuántica u ondulatoria es una rama de la física que explica el comportamiento de la materia. A lo largo del siglo XX Planck, Heisenberg, Einstein y otros, fueron desarrollando sus fundamentos teóricos. Al considerar que el mundo atómico de la materia no se comporta según lo esperado a la luz de las leyes físicas, y requerir indispensablemente de una interpretación para cada experiencia, además de otros aspectos difíciles de explicar por su complejidad científica, la mecánica cuántica establece puntos de contacto e identificación con la filosofía, y hace de la conciencia un factor a tomar en cuenta en la interpretación científica del comportamiento de la materia. Conceptos como "el problema mente-cuerpo" y "el colapso de la función de onda", dieron origen al "misticismo cuántico", del cual Goswami es uno de sus máximos exponentes.  Aunque algunos estudiosos lo tildan de "pseudociencia" y lo consideran una mala interpretación de la física, fundadores de la física cuántica como Niels Bohr, Wigner y Schrödinger, se adentraron en la relación entre la mecánica cuántica y el misticismo, objeto hoy de un apasionado debate y divulgación no siempre en términos ortodoxos.

Para Goswami, como para su "entrevistador" -recordemos la cita de Mayans- "la antítesis del realismo material es el idealismo monístico o concepto platónico de la Idea" (sic). Esto no es una frase aislada ni algo que el crítico pueda sacar de contexto para apuntalar su propia exposición, sino el resumen de los conceptos de Fredo Arias sobre el arte. Ella explica la aparente contradicción entre su quirúrgico proceder psicoanalítico y la poesía -intrínseca- que tal procedimiento implica para llevar a término su obra; en planos aún más subjetivos explicaría también la aceptación de que goza por parte de los poetas y el solapado rechazo que provoca -y al que ya nos hemos referido- en ciertos círculos de poder.

Algunos de esos contendores que le señalan a Arias sus constantes y extensas citas para enrostrarle un supuesto facilismo o -todavía más ambiguo- un "estilo decadente", pueden leer a lo largo de la obra y muy particularmente en este último diálogo, más de una profunda definición y de un razonado concepto prolijamente desarrollado por el humanista mejicano, como cuando asevera:

En consecuencia, no es pues la luz la única realidad, sino la Idea que es causa de la luz, o sea, el arquetipo sol, que conciben los poetas durante sus sueños o estados de inspiración, asociado a los arquetipos piedra, fuego y ojo.

Arias, no con irreverencia -puesto que nada ha citado del doctor en física que no sean los conceptos del propio Goswami, nada ha adulterado- sino con audacia, se coloca al mismo nivel, elucubra, compara teorías y explica, desde el punto de vista de su entrevistado, los fundamentos mismos de las leyes de la creatividad poética. Desgajado el follaje aparece en toda su magnitud el tronco único y múltiple del pensamiento moderno. Y nos deja entrever una visión todavía más cercana de esos océanos por los que sólo se arriesgan los mismos que eran capaces de subirse a las carabelas con Colón para descubrir el nuevo mundo: la mecánica cuántica y la filosofía del idealismo son las bases de una ciencia llamada a resolver las "paradojas psicosomáticas insolubles al hombre" (sic). Porque si para Rutherford, Bohr y otros físicos cuyas teorías constituyen hoy los pilares del conocimiento humano en esa área, el átomo es un minúsculo sistema planetario de electrones en torno a un núcleo, ese sistema atómico puede considerarse dentro del dominio de lo arquetípico y establece, tomando como puente el idealismo monístico,  una relación natural entre la mecánica cuántica y las leyes de la creatividad poética enunciadas por Arias.

La segunda conversación a la que queremos referirnos para concluir es la sostenida con Northrop Frye, uno de los mayores teóricos y críticos literarios del pasado siglo; si bien su obra esencial -"Anatomía de la crítica"- fue publicada en 1959, sus aportes trascienden hasta nuestros días. Para Frye la crítica literaria no ha salido aún de su estadío primitivo y no lo hará hasta que los nuevos sistemas teóricos logren explicar su propia mecánica interna. Su propuesta, no obstante, es insuficiente y Arias es particularmente duro cuando le hecha en cara no sólo que ignora el aporte de las diversas corrientes críticas -entre ellas la escuela psicoanalítica de Viena-, sino que además las menosprecie: "Creo que ha cometido Ud. un grave error". Y deja establecido que un nuevo sistema crítico no puede ser descubierto si no se reconocen todos los aportes, todas las corrientes y en especial "las que se preocuparon del fenómeno poético y sugirieron las causas psicopatológicas del mismo".

Y Fredo Arias nos muestra entonces -parte de las numerosas aseveraciones y aciertos que abundan en la compilación- uno de los pilares esenciales de su pensamiento: el psicoanálisis de la poesía es imprescindible para que la crítica literaria deje de ser lo que hoy es, no una ciencia, sino otra forma de poesía. En el resto del intemporal coloquio el mejicano nos da algunas razonadas opiniones que a veces echamos de menos en otros textos suyos. Su estilo expositivo que nos obliga a reiteradas inferencias y a un elevado nivel de análisis, se torna entonces de una sencillez y claridad especiales.

Nos dice, además de otras precisiones, que la crítica literaria está paralizada porque el desconocimiento "casi total" de los últimos avances psicoanalíticos no le han permitido una aproximación a las leyes de la creatividad poética. Le enrostra a Frye que pese a haberse acercado a ellas a través de Platón y del reconocimiento de los arquetipos como símbolos comunicacionales, no ha podido superar ese inmovilismo al considerar que la teoría del inconsciente colectivo y los estudios arquetípicos de Jung son hipótesis innecesarias para la crítica literaria. Y resume que las leyes de la creatividad poética le ofrecen a la crítica una herramienta que le permitirá establecer el sistema conceptual tan necesario del que hoy carece.

Quienes -como el que suscribe- hemos seguido durante años el quehacer de Fredo Arias de la Canal, y nos hemos desorientado a veces en una obra tan vasta como erudita y compleja, los que alguna vez echamos de menos un "corpus" central, tenemos en estos diálogos un compendio del pensamiento de un humanista insigne, que sin duda alguna va marcando -ya- un antes y un después en la historia del conocimiento humano.

Santiago de Chile, marzo de 2009

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