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Arique,Revista de poesía
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| Cuento Ensayo |
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| Poesía Los puentes rotos |
De la desesperanza
y otros poemas |
Reiteraciones o peregrino al borde de la tierra |
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El viejo Desde hace semanas los grupos guerrilleros que ante la ofensiva cubana del mes de marzo cruzaron la frontera con Zambia o se replegaron hasta Namibia, han comenzado a reingresar a Angola, llevando a cabo emboscadas y atentados y estableciendo sus campamentos en la selva. Toda una provincia, Cuando Cubango, con una extensión territorial mayor que la de muchos países, permanece en poder de los rebeldes sin que las fuerzas gubernamentales hayan podido llegar allí por lo intransitable de los caminos, la temporada de lluvias, la voladura de los puentes y la carencia de equipamiento apropiado. Una columna fuertemente armada con cobertura áerea, desciende ahora desde Menonge hacia el sur a lo largo del río Cubango. Una pequeña fuerza se desprende del cuerpo principal y parte río arriba a localizar y destruir una base de la UNITA en la zona. El avance es sumamente lento por lo imposible del camino. A media mañana comienzan a aparecer los primeros quimbos, todos desiertos. Cerca del mediodía, tras otro quimbo vacío, la columna se detiene y me mandan a buscar del BTR donde va el jefe. - Tú que has salido de exploración otras veces: coge tres hombres y llégate al quimbo que tenemos delante, a unos dos kilómetros de aquí, de infantería. Si nos acercamos con los blindados se va todo el mundo y hay que coger a alguien para que nos diga la ubicación de la base. ¿Comprendido? Dos horas después estamos los cuatro hombres a la vista del quimbo. Una aldea como todas en el sur. Una empalizada de postes y arbustos espinosos rodea una decena de chozas de barro y palos de monte, de forma circular y techos bajos. Hay gallinas escarbando la tierra. Unos niños juegan cerca de la empalizada. Nos llama la atención una choza mayor y algo alejada de las demás, pero cerca de los matorrales donde nos ocultamos. - Urraca, avanza hasta esa choza y si hay alguien adentro levanta un brazo... A lo mejor podemos capturar a alguien sin alborotar el gallinero... La urraca, camuflajeado con cuanta yerba ha encontrado, se arrastra con lentitud y tomando mil precauciones, pero su movimiento es advertido por los niños que huyen a todo correr. Me incorporo: - ¡Arriba, coño, corriendo, que ya nos descubrieron! Echamos a correr pero ya están saliendo nativos por todos lados. Hombres y mujeres gritando en un dialecto desconocido salen de las chozas cargando o arrastrando a los niños, saltando la empalizada. - ¡Párense! ¡Alto o disparo! -grito como en una película. Nadie nos entiende. La urraca levanta el fusil y dispara al aire, pero los tiros sólo sirven para que aumente la velocidad de la escapada. Tratamos de agarrar a alguien, pero se van entre las manos y nos ganan terreno. Se nos están escapando todos. El teniente nos va a poner de comemierdas para arriba. Un negro con una camisa rosada que ondea detrás de él como una bandera, parece una exhalación. - ¡Párate, coño, o te mato! Sin pensarlo dos veces aprieto el disparador, pero el negro es más rápido que las balas. Corre en zigzag, parece que cae pero se levanta. Ahora La urraca y los demás también le caen a tiros pero ninguno alcanza a la camisa rosada que desaparece en la mata. Me detengo ante la empalizada y miro hacia atrás: todos se nos han ido. Decepcionados, regresamos al centro del quimbo. Pero tenemos suerte, un anciano no ha podido huir. Apenas se ha medio que incorporado del lecho de pajas y trapos sucios. Las piernas tullidas, las manos tiemblan. Tiene una barba blanca que le da un aire de respetabilidad. Tratamos de obtener alguna información del viejo, que está muy asustado. - ¿Por qué todos van embora? ¿Son de la UNITA? -preguntamos. El viejo no responde. No hay respuesta. El anciano seguramente no habla portugués, sino quimbundo, cuanhama u otra lengua de la región. - Vocé é da UNITA? Savimbi? -insiste Jorge, La urraca. Con movimientos temblorosos logra incorporarse a medias y hurga debajo del colchón de pajas: saca un reluciente afiche con un Savimbi en traje militar de campaña a todo color. La urraca no puede aguantar la risa. - ¡Este viejo está trocao, compadre! ¡Nos ha confundido con los kwachas! Los temblores del anciano se incrementan mientras vuelve a buscar bajo el lecho. Ahora sonríe espléndidamente: ha sacado una bandera rojinegra del MPLA. - ¡Mira, carajo, si el viejo está con Dios y con el diablo! Con un poco de esfuerzo logramos sacarle algo al anciano, que en definitiva habla más portugués y nos entiende mejor que lo que aparenta. Al final nos dice que la base de la UNITA está cerca y nos indica cómo llegar a ella. Le dejamos algunas latas de leche condensada y nos incorporamos al resto de la tropa sin el viejo, por su estado medio paralítico. Aunque no le llevamos prisionero alguno el teniente quedó satisfecho con nuestra historia e informaciones, no obstante, siempre nos gritó unos cuantos insultos delante de la formación, quizás para no perder la costumbre... y nos puso de comemierdas para arriba. |
Arique |
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