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Arique,Revista de poesía
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De la desesperanza
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Reiteraciones o peregrino al borde de la tierra |
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Yo también sueño con aviones
Otra vez sueño con aviones. Aviones que nublan el cielo, bombardeos terribles, batallas aéreas que transcurren calladas, como una película silente. En los últimos tiempos debo haber soñado con ellos decenas de veces. ¿Será la manifestación síquica de alguna patología oculta? Aunque mi pequeña ciudad nunca ha sido bombardeada, siempre he vivido intensamente, casi con odio, bajo una presión constante en medio de una lucha perdida de antemano. Mañana patearé de nuevo las calles para escuchar conversaciones discretas, buscar premoniciones oscuras, signos fatídicos, augurios inexistentes en el vuelo de las aves y en las vísceras de lo muertos. Esperaré lo que nadie espera, creeré en lo que nadie cree y no oiré más a Silvio cantando " yo soñé con aviones...que nublaban el cielooo..." Quizás esta noche de nuevo el cielo se llene de puntos negros, indescifrables a simple vista.Un punto, otro, un grupo de ellos por aquí, otro por allá, algo así como una pequeña estela de humo hasta que, o bien se agrandan o mi vista se agudiza:¡aviones, sí, toda una batalla aérea! Sobre mi ciudad.Unos aviones enormes y otros pequeños y negros.Combaten silenciosos, no hay ruido alguno.Se enfrentan y surgen nubecillas blancas sobre el fondo azul hasta que una de ellas es un pájaro metálico y el bicho cae en picada vertiginosamente hasta explotar.Y los pilotos se catapultean por los aires y el cielo se cubre de paracaídas que descienden por todas partes.Abajo multitudes emnteras miran hacia arriba, hacia la guerra del cielo.Entonces la policía o las fuerzas armadas o no sé quiénes acá abajo, empiezan a buscar a los paracaidistas que ya tocan tierra y se diseminan por las azoteas, edificios y calles; y los registros y el entra y sale de los uiformados y los caídos del cielo y encima la lucha que continúa con ás y más pájaros, increíbles modelos de naves grandes, angulosas y también aplanadas, lentas, veloces y hasta aviones madres que llevan en sus vientres decenas de máquinas más pequeñas, y helicópteros que suben y bajan de cabeza como mosquitos al picar.Y ya a mi casa arriban los primeros trajes azules y se desembarazan rápido de los paracaídas y vienen los policías carmelitas en bus.Carlos y yo cierro las ventanas para que no entren en el apartamento; pero otros caen en la azotea y hasta en el balcón y no puedo cerrar todos los accesos con la rapidez requerida...hasta que despierto. Si pudiera ubicar puntos de referencia en los sueños dejando señales en los caminos y las esquinas...Para evitar que fueran granos de maíz que se vaya a llevar el viento los escribiría, los pondría en blanco y negro, sobre el papel.Así recrearía este universo tan distinto del paraíso como una aveilla de un cazabombardero. Como resultado de los constantes ataques ya no se puede vivir en la ciudad.Tendré que escapar hacia un pueblito de campo bien alejado de objwetivos estratégicos o políticos, de zonas militares y esas cosas.Ni siquiera un puente deberá haber allí, apenas en una meseta elevada una vieja casa de madera.Me llegará la advertencia y me asomaré a las ventanas:se acercan...desde muy lejos, puntos sobre el horizonte, las máquinas que vendrán a bombardear la casa.LLega mi hijo en bicicleta y entra al resguardo de las tablas y la cobija, pero deja la bicicleta afuera.Lo regaño, cómo va a dejar la bicicleta en el patio para que la destruya el bombardeo.Imagino las bombas que caen abriendo cráteres y destrozándolo todo con la metralla y las ondas expansivas de las explosiones, mientras tanto dentro de la casa mi familia se tiende en el suelo y se estremece recogida, como en las tormentas eléctricas.Pero¡qué felicidad!, aún en los peores momentos hay cosa de qué alegrarse: los aviones son chantras.¿Chantras? le pregunto a mi hijo.Me responde que sí e intercambiamos una mirada de inteligencia.Es que son pequeños bimotores a propela que arrojan más miedo que metralla en sí...Si llegan a ser los otros, los sofisticados bombarderos supersónicos, entonces sí la pasaríamos mal.Y de inmediato se me olvida el inminente ataque y como resultado mi extraño y complicado sueño coge otros rumbos, volando como los aviones. Pero hasta dónde me llevarán estas cooordenadas que levanto intangibles en el espacio, no lo sé.Sin embargo está ahí más allá de mi voluntad y de mis deseos-¡ah, qué bueno a veces dormir cansado, sin ánimo para soñar!-El último punto de referencia será tal vez de hace unos días... Un paisaje bucólico al que ya han llegado los pájaros de guerra. Los campos están destrozados, las cosechas persidas y los pobladores refugiados en una vieja casona: los perros jíbaros se han adueñado de loas campos y buscan presas con la desesperación de los sobrevivientes, contagiados de rabia.Aquel caserón había visto enfermar al primero de los perros, un noble pastor alemán que al echar espuma por la boca y convulsionar grotescamente empezó a tirar dentelladas a diestra y siniestra y a morder el viento. Tuvimos que encerrarnos en el lugar a cal y canto, colocar barricadas detrás de las puertas, vigilar y atrancar cada ventana, cada sitio por donde pudieran entrar las decenas de perros que daban vueltas y vueltas alrededor de la casa.Adentro había no sólo hombres, sino también mujeres y niños atemorizados, lllorozos, con la desesperanza de la situación reflejada en la cara.Alguien empezó a disparar con una vieja escopeta de caza y le dije que no lo hiciera, que era una estupidez, que eso los irritaría y los lanzaría al asalto de nuestro reducto.Así ocurrirá...pero yo me despertaré, dejando a los demás allá.Encenderé la luz.Todo estará en calma, en la relativa calma que no lo es aunque se le parece.Los muebles en su sitio, el ventilador que gira incesantemente, mi mujer que yace desnuda a mi lado y el perro, mi tranquilo perro que ladra como siempre, alejando a los ladrones o quizás también soñando fantasmas.Abriré la ventana que da a la azotea.El cielo estará despejado y cubierto de estrellas, la luna será fuerte y lo pintará todo de una luz irreal . No sé por qué sueño tanto con aviones.Nunca he subido a ninguno.Nunca repito-he estado en un bombardeo.¿Serán las películas o los noticierios de la televisión? Porque rara vez hablan de aviones los poemas. ¿Será la inevitable locura que se acerca? ¿Una fugaz visión de otro mundo, una entrecortada comunicación con lo que vendrá? ¿Cuántas veces deberé soñar lo mismo para que aquel mundo no se cumpla en este? ¿O es que querrán decir cosas en definitiva muy diferentes? Quizás no he comprendido el código de símbolos...¿serán símbolos? Por el momento la noche está tranquila, ningún avión pasa.Enciendo la radio y el trovador sigue entonando la misma canción :" en mi sábana blancaa vertieroon hollín, han echado basuraa en mi verdee jardín..." |
Arique |
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